jueves, 24 de febrero de 2011

S I L E N C I O

Entre un amasijo de hierro y cascotes perfora mi costado algo punzante y frío. A duras penas puedo mover algún músculo pero el dolor que esto me provoca me limita a la quietud. Estoy enterrado, vivo. Quiero recordar. Veo un edificio en construcción, una elevada torre. Evocar el momento justo en que todo se desplomó sobre mí y me convirtió en escombro, en un cascote más fruto de la demolición. Sin embargo las imágenes son confusas, se debe, sin duda, a las continuas idas y venidas de mi conciencia. Quizá sueño. Es probable que yo sea un atrevido constructor de torres sin los recursos suficientes para elevarme a esa altura pretendida junto a los nobles materiales que la elevaban, pero también es posible que sea otra persona la que construía esta torre, y yo sólo fuera un príncipe cautivo entre sus muros. Ahora, en vida o en sueños, estoy atrapado, enterrado entre los vestigios de una ilusión que quiso conquistar la altura.


El polvo de este delirio es tan real que la experiencia de asfixia es vívida, quizá cada cascote es realmente argamasa y piedra, quizá lo que perfora mi costado es realmente el barrote de una ventana malograda, pues siento como mi sangre recorre su superficie quieta. Abrir los ojos me sería útil tan solo para tener un indicio, solo un indicio, de vida. No veo nada nuevo, lo que veo son las mismas imágenes que observaba tras los párpados, quizá mis sueños, puede que el pensamiento consciente. El dolor es un aglutinante que me hace una unidad con todas las materias, no estoy en mitad de la ruina, no soy parte de la ruina, mis palabras son las palabras de toda esta destrucción.

3 comentarios:

venus dijo...

hay momentos en los que todos creemos estar derrotados,y en un solo segundo somos capaces de construir torres muy muy altas....
venus*

El viajero a ninguna parte dijo...

No sé porqué pero he creido entrever a Borges, salvando naturalmente las distancias.
No sé, quizas una palabra, un vago recuerdo, una emoción...

Almanzurbillah dijo...

El viajero a ninguna parte ... eso es justamente lo que provocas: una emoción, gracias.