lunes, 7 de febrero de 2011

... pequeña María...

El rocío perla la hoja y la luz inunda cada esfera acuosa; distintos universos de formas y color habitan en tan reducido espacio del jardín. Ese todo abisal es un punto verde idéntico a otros miles en mitad de esta tarde soleada que se hizo hueco en mitad de la estación, en este rincón del patio. En la distancia, bajo el templete y tras los vidrios de sus ventanales, una niña diminuta, con indumentaria colegial, dibuja con lápices de colores. Hay un insecto que traza itinerarios irregulares y sin sentido alrededor de sus coletas. De entre los poros de celulosa de las cuartillas de papel parece brotar la lozanía de una hoja verde con trazos sólidos y decididos, rabiosos, que trascienden los límites de la forma inicialmente trazada. Tanta fuerza transmite la pequeña a la hoja de papel que la rasga y quiebra, abriendo una grieta por la que se cuela la tarde cálida y la luz.

Una brisa ligera trae el olor de la tierra mojada y en la distancia se escucha un lamento en la garganta ronca de una nueva tormenta.

4 comentarios:

MucipA dijo...

Una imagen muy bonita la que describes. He podido imaginar el rostro de María pintando con lápices de colores en esta tarde apacible y soleada de invierno. Y el sonido de esa hoha rasgada, a través de la que pasa la luz, pero que augura el inicio de una nueva tormenta.
Una estampa maravillosa!!
GRACIAS!

Almanzurbillah dijo...

Gracias a ti, siempre.

carta de ajuste dijo...

Uno se asoma a esta fortaleza de sentimientos descritos y siempre encuentra lo que busca, el pálpito de la vida misma. Uno, además, parece percibir que a tus palabras en imágenes le acompaña una suave melodía. Un lujo leerte y releerte.

Almanzurbillah dijo...

... un lujo disponer de tu tiempo para hacer posible ese acto mágico de la comunicación...