viernes, 24 de mayo de 2013

... onomatopeya de goteo...

... Nadie imagina la impotencia, sólo yo. La vivo. Este cuerpo no es sino un fardo. Nadie conoce cómo puede llegar a ser la quietud forzada. El goteo de ese grifo y mis nervios no son buenos convecinos. Nadie convive con un martillo cansino e Insufrible por causa de, en apariencia, una inofensiva agua. Yo sí, agua, sí, esa cosa tan pura. Agua y la impertinente y terrible falsa indolencia de estos músculos. Nadie sin matar o morir. A primera hora de la mañana salió el tipo que se ocupa de la limpieza, que Dios lance con fuerza al infierno, y dejó despreocupadamente semicerrado un grifo dando margen a este goteo incesante y estruendoso. Para más infamia dejó la puerta del baño abierta, para que se ventile dice, los cojones, y desde dentro el continuo y espaciado sonido de una oronda gota de agua golpeando la superficie del lavabo, una y otra vez, y otra gota, y otra que sola resulta amable pero que juntas son despreciables, y la puta quietud de estos músculos muertos y mis oídos intactos y sanos, perceptores capacitados, dos cabronazos, y mi mente alerta, despierta, hábil siempre. Quiero gritar, romper, destrozar, lanzar, pero a duras penas veo dos montículos levantando el embozo de este castigo que llaman cama. Allí, al sur, simulando ser pies. Dos cadáveres unidos a estos pedazos de muerte que conforman mi cuerpo... 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La muerte no debería ser tan lenta y cruel... No hace justicia...

Plácido Alamillo Bau dijo...

... así es; y lo peor debe ser permanecer consciente una vez muerto...

Anónimo dijo...

Lo peor es dejarse morir conscientemente...